Tiempo de barbecho
Toda mente que produce necesita, tarde o temprano, retirarse al silencio. No para dejar de crear, sino para escuchar lo que nace en lo más profundo, allí donde las palabras aún no tienen forma y las razones son complejas de explicar, incluso ante uno mismo.
A todos los que en estos días os habéis asomado al "reventón" del buzón privado preguntando «¿qué ha pasado?» o «¡no puedo leer tu blog!»: gracias. Esos mensajes son el mejor recordatorio de que al otro lado hay miradas que aprecian de verdad lo que hago. Este cartel es un guiño y una promesa para vosotros, mis cómplices de siempre: la pausa es solo el preludio de lo que vendrá. Gracias por cuidar el rincón y esperar a que la luz vuelva a encenderse.
Para quienes miren desde la distancia fría o con la prisa de consumo habitual, el cartel en la puerta habla por sí solo. A veces, la mayor cortesía profesional es, simplemente, regalar el silencio.
Guardadme el sitio. Volveré en cuanto la tierra vuelva a ser fértil.
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