Denuncia de D. Joseph
Antonio Yauch, mayor general del cantón de Ury en Suiza.
Primero: Carta de D. Joseph
Antonio Yauch, dirigida a su magestad el Rey D. Carlos III,
comunicando los abusos y penalidades que sufren los colonos en los
asentamientos de las nuevas poblaciónes de Sierra Morena y
Andalucía, en fecha de 14 de marzo de 1769.
Carta denuncia a S.M. el Rey,
a instancia de los pobres colonos:
Señor: D. Joseph Antonio
Yauch, Caballero del orden de S. Esteban, y mayor General de su
loable cantón de Ury en Suiza, que tuvo el honor de servir a V.M. en
el Regimiento Suizo de Bexler por espacio de 19 años continuos hasta
su reforma por todas las clases de Cadete hasta Capitán, habiéndose
hallado en la Guerra de Italia en todas las funciones, Sitios, y
Batallas, donde se encontró el referido Regimiento. A L.R.P. de V.M.
con profunda veneración dice: que llevado del amor y celo que
siempre ha tenido al Real servicio de V.M. se ha constituido con
aprobación de V.M. traer cien familias Suizas y Alemanas para la
población de Sierra morena, bajo las reglas prescriptas en la
contrata de D. Juan Gaspar de Thurriegel, de las que ha conducido
doce, que componen unas setenta personas entre grandes, chicos, y
medianos de ambos Sexos, que quedan colocadas entre Carmona, y Écija,
en el Terreno que se les ha señalado: sobre lo cual le es
indispensable hacer presente a V.M. que en el tiempo que se mantuvo
en Sierra morena ha observado, tanto por las quejas de los nuevos
habitantes, como por informes particulares lo siguiente.
A
cada Persona de diez y seis años arriba se suministra ocho cuartos y
una ración de Pan; de diez años hasta los diez y seis, seis cuartos
y una ración de Pan; de diez años abajo cuatro cuartos, y media
ración de Pan: esto es en la Venta quemada; pero en las demás
Poblaciones se lamentan los Colonos, no se observa con ellos lo
mismo, porque confundiendo las edades de la Juventud algunos que
cumplieron los 16 años, y otros que pasan los diez no perciben lo
que les es debido según el señalamiento antecedente, de forma que
gravados en este particular, y
en el pan que diariamente se les da, se hallan llenos de miseria,
porque como están obligados a comprar los Víveres de los Vivanderos
puestos por los Directores, y privados ellos de vender unos a otros
cosa alguna de Comestible, no les alcanza para sustentarse lo que se
les suministra diario, cuanto menos para vestirse que ciertamente lo
necesitan.
A cualquiera Colono que se
le suministra por necesidad un par de Zapatos, u otra pequeña prenda
de Vestuario para cubrir la desnudez, cada cuatro días se le retiene
media peseta del prest diario, hasta que ha pagado su coste.
Hay infinitos de estos
habitantes, que están absolutamente desnudos, y de rubor rehúsan
presentarse delante de las Gentes, a muchos por el viaje se les
pudrió la Ropa, a otros con el uso y el trabajo en su destino se les
arruinó enteramente, por lo que parece este punto digno de la
atención de V.M.
Los Utensilios precisos
para el uso de estos moradores en la Venta quemada no se ha
suministrado el más mínimo en la Peñuela, y más Poblaciones, se
ha dado alguna cosa, pero los más tuvieron que pagar en dinero
contante un tanto por aquellos pocos muebles.
En cuanto a Camas se ha
dado para cada dos Personas grandes un Jergón, y una manta nueva, y
para dos Chicos un Jergoncito con su manta todo nuevo, sin sábana,
Cabezal, ni otro ajuar para guarecerse de los rigores del Invierno,
de suerte que como la mayor parte habita en Barracas, y estas son de
poco abrigo, las mantas muy ligeras padecen infinito.
Las
Herramientas, y más Instrumentos suministrados para la labranza son
de pésima calidad, y lo que resulta es ser preciso estarlos
componiendo cada día, y que el pobre Colono pague la compostura de
lo señalado para la manutención. Aconteció varias veces que los
Paisanos hurtaron algunas piezas de herramienta a los Colonos, y
estos miserables tuvieron que reponerla de su prest.
En la Carlota se dieron las
Vacas para la labranza, pero nada para la manutención, de suerte que
como los hacen trabajar todo el día, y a la noche no tienen que
darles de comer es preciso soltarlas para que busquen en el Campo su
alimento: acontece que hambrienta la Vaca se va al sembrado, la toman
los Paisanos, la llevan al Director de la Población, castigan al
Dueño, quitándole del prest lo que estimaron vale el daño. Otras
veces se alejan las Vacas, y a la mañana por que no están prontas
para ir al trabajo se castiga al dueño no con palos, o grillos, como
si este harto de trabajar todo el día no le fuese debido el regular
reposo.
Si
muere cualquiera Res del Ganado que se suministra a esta gente, se lo
hacen pagar descontándole de
su prest cada cuatro días media peseta.
Al tiempo de la
distribución de las Vacas reparó un Colono, que la que le daban no
tenía dientes, y que estaba enferma, repugnó el recibirla, pidiendo
al Director la mandase registrar por peritos, respondió aquel que la
tome, que si se muere será de cuenta de S.M. y no de la del Colono;
a pocos días muere la Vaca, sin haberla ejercitado en nada, a cuenta
de ello el Dueño llevando la Piel al Director, y este dispone se
venda la carne a los demás Colonos, y que el infeliz pague de su
prest el coste que tuvo la Vaca, dándole otra, y a pocos días muere
de enfermedad, e imponerle nuevo descuento, y generalmente, y a
cualquiera que le muere un animal, se lo hacen pagar, y reponer con
media peseta de descuento cada cuatro días.
En
el Departamento de la Peñuela le mató el ave de rapiña una Gallina
a un Colono, y le llevó otra, y le descontaron de su prest 20 reales
para reponerlas.
Para evitar las disensiones
entre los Paisanos, y Colonos determinó D. Fernando de Quintanilla
poner un Pastor Español para la guarda, y custodia de sus Ganados
rompió el Pastor una pierna a una Vaca, muere aquella, y obligan al
Dueño a que la pague de su prest sin que el tenga la menor culpa. A
muchos de los Colonos que llegaron al principio se les destinó sus
Tierras, las empezaron a cultivar con ardor, hicieron su Barraca, y
adelantaban con gran éxito el cultivo, empleando en esto algún
dinero que trajeron de su País, y sin disfrutar su trabajo los
hicieron mudar a otro Paraje más distante, practicaron lo mismo en
él, y al cabo de algún tiempo los hacen transmigrar de la Peñuela
a la Carlota, perdiendo el afán de sus Tareas, y lo que han gastado
en los dos primeros destinos.
A una legua más allá de
Bailén se hizo el reparto de tierras a algunos colonos, pero es un
paraje muy árido, y de poca esperanza que fructifique, mal sano, y
falto de agua, de manera que algunos tienen cerca de media legua que
irla a buscar, pudiendo colocarlos más adelante en parajes cómodos,
con agua, y que prometen ventajas a los habitadores.
A los habitantes de las
nuevas Poblaciones de la Carlota, Peñuela, Venta de Miranda, y otras
de aquel Distrito, los hacen trabajar diariamente, no tan solo los
días de fiesta, sino también los Domingos, y si alguno falta lo
castigan con palos, y Grillos, sin que sea exento en este día el
enfermo, aunque tenga calentura, que si lo hace presente le
descuentan media peseta del prest con pretexto de ser para pagar un
hombre que trabaje por él. Es imponderable, Señor, la armonía, que
causa a esta gente el que los hagan trabajar los días de fiesta, y
particularmente los Domingos, claman amargamente, y dicen que si
estuvieran esclavos no les harían hacer más, sin que tengan en lo
humano otro recurso, que a las piedades de V.M.
El Pan que se suministra a
estos nuevos Colonos lo más del tiempo es de mala calidad, es falto
casi siempre de más de media libra, como se verifica del que han
entregado al exponente al paso por la Venta de Miranda, que trae para
Testimonio, no dejándole a esta gente ni el arbitrio de quejarse,
porque al que lo ejecuta inmediatamente le amenazan con palos.
Hay muchos de esta gente
que ha más de un año que no se han confesado por falta de
Confesores, y carecen absolutamente de pasto espiritual, cuya
importancia necesita pronta providencia.
En
la baja Andalucía todavía no hay establecido ningún Hospital, y
los enfermos de peligro se conducen a Écija, donde se confiesan por
intérprete perjuicio,
porque debiendo servirse de Intérpretes Españoles, les hacen pagar
más caro las manufacturas, que si ellos mismos las trabajaran
tendrían este alivio más en su beneficio.
Tampoco se ha suministrado
a las familias el Cáñamo, Lana, y Esparto que previene el Art. 52
de la Instrucción, para que empleándose en su beneficio las mujeres
ayuden a los progresos de la Población.
A
todo Colono en general le está privado el uso de armas lícitas,
habiéndoles quitado, o roto algunas que trajeron de sus Países, sin
haberles dado nada por su valor, de que resulta que continuamente los
Paisanos como saben están indefensos, les entran en las Casas, y
Chozas, les hurtan lo que tienen mejor, les
hurtan los hierros, y utensilios de labranza, y después tienen los
infelices Colonos que reponerlo de su socorro, no estando libres las
mujeres de los insultos de los mismos Paisanos, que usan de todo
género de Armas.
Han licenciado los
Directores a varios, por haberles sobrevenido indisposición en los
Pies, Brazos, o rotura sin haberles hecho curar, que era fácil, ni
dado el más mínimo auxilio para retirarse a sus Casas, desnudos, y
llenos de miseria: de estos encontró el exponente tres en el camino
que pasaban a Sevilla a quejarse al Intendente de esta irregularidad.
En
la Venta quemada ha recogido el que expone un Colono licenciado
bastante Joven, que con su mujer iba pidiendo limosna, cuya desnudez
es imponderable, lo hizo de vestir, y actualmente está trabajando en
el despacho de las tierras, mantenido
de cuenta del Exponente: de que se infiere que la miseria inutiliza a
muchos.
Dn.
Juan Gaspar de Thurriegel ha publicado en Alemania por manifiesto la
Real
Cédula de V.M. el nuevo establecimiento, que se hace en Sierra
Morena ofreciendo
a todos los que quisiesen venir tres sueldos de Francia por legua
hasta llegar a Schlev
Statt,
y otros parajes donde tenía sus comisionados para recibirlos: con
esta oferta se presentaron varias familias en las casas señaladas,
pero los Comisionados no les han pagado los tres sueldos por legua,
diciéndoles que en otra parte se les satisfaría, cuyo caso no ha
llegado, y los que están en este descubierto claman sumamente se les
indemnice del desembolso que hicieron, que entre todos llega a cerca
de cuatro mil pesos, según el Intérprete de la Carlota asegura, en
consecuencia de la nota, que se ha tomado para remitir a la Real
deterninación de V.M.
Ultimanente,
señor, todo lo hasta aquí mencionado es por mayor lo que
experimentan estos nuebos vasallos
de
V.M. por que si se examina menudamente, se
hallaría mucho mas, siendo cierto que los que dominan estas gentes
los tratan con el mayor rigor, esparciendo la voz que el desarreglo
con que viven, y el demasiado vino que bebe, es motivo de las
enfermedades, y miseria que padecen, para que quando llegue a noticia
de V.M. los exceso, y mal trato que se da a estos infelices, que
abandonaon sus Paises y Parientes para mejorar de suerte en los
dominios de V.M. no hagan impresión en la Real mente de V.M.
Este
es el estado en que está la nueba Población de Sierra Morena, las
necesidade, miserias, y extorsiones que padecen los nuebos havitantes
de ella, que llrando amargamente su desgracia han pedido al exponente
lo haga presente a V.M. como lo executa, y rendidamente en nombre de
ellos y el suyo Suplica
a V.M. se digne compadecido su Real animo de las miserias, y
calamidades de esta pobre gente, mandar pase un sugeto inteligente de
sana conciencia à reconocer, è inspeccionar las nuevas Poblaciones
de Sierra morena con facultades de remediar, y extinguir los abusos,
gravámenes, y calamidades, que padecen los Colonos, abrigándolos
V.M. bajo las alas de su Real
protección, para que se les trate con cristiandad y caridad, y
cumpla lo que V.M. tiene ofrecido, para que se consiga el fin de
poblar aquella parte de sus Dominios, tomando V.M. la providencia,
que juzgue más adecuada al bien de su Real Servicio. Madrid 14 de
Marzo de 1769. Dn. Joseph Antonio Yauch.
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Segundo:
Carta
D.
Miguel de Muzquiz, ordenando
al
Sr. D. Francisco Carrasco, una especie de inspección secreta en las
Nuevas Poblaciones, para determinar si lo denunciado por D. Joseph
Antonio Yauch, como portavoz de los maltrechos colonos, es cierto o
no y poder atajar los abusos.
Dn.
Joseph Antonio de Yauch, mayor general del cantón de Ury en Suiza,
otorgó contrata con el Rey que aprobó S.M. a consulta del consejo
para dirigir a las nuevas Poblaciones de Sierra Morena cien familias
suizas y alemanas, de las cuales ha conducido en persona setenta
individuos: con este motivo ha reconocido aquellos Establecimientos y
tratado los colonos, y de resulta de este viaje ha dado memorial a
S.M. de que es copia la adjunta; y enterado su real ánimo del
contexto de cada uno de los capítulos que contiene, me manda
remitirlos a V.S. para que examinándolos, se instruya V.S. de las
quejas que a voz de los Colonos produce Yauch; y a este fin quiere
S.M. que cuando V.S. se restituya a la Corte, se pase por las nuevas
Poblaciones sin constar de persona alguna de palabra o por escrito
que V.S. hace su viaje a ella; por considerar precisa esta precaución
para sorprender así a los Colonos, como a los Jefes y demás
encargados de todo lo concerniente a los progresos de aquellos
Establecimientos.
Puesto
V.S. en ellos, quiere S.M. que V.S. se informe y examine por sí
mismo si se da mal trato a los Colonos, y siendo cierto, averigüe
V.S. de qué principios procede, y quiénes son los que más
influyen; que V.S. pese el pan que comen los Colonos sorprendiendo
también en esta diligencia a los encargados. Manda también S.M. que
V.S. se informe si es verdad que se han construido ya de tres veces
unas mismas casas por estar mal fabricadas, y todo lo demás
contenido en el memorial de Yauch; porque S.M. quiere ser instruido
por medio de V.S. del estado de las nuevas Poblaciones y de si son o
no fundadas las quejas que se han dado, y resaltan contra los que
deben cuidar de ellas. Prevengo a V.S. de su real orden para su
cumplimiento. Dios guarde a V.S. muchos años. El Pardo, 16 de marzo
de 1769. — Miguel
de Muzquiz.
Sr. Don Francisco
Carrasco.
Transcripción literal
hecha por
Agustín Castro
Martínez
Pentabuelos