14 marzo 2026

El neófito de Nassau-Siegen: Una conversión de Estado en las Nuevas Poblaciones (1790)

 


Conversión de un joven Calvinista al Catolicisco, junio de 1790


El Neófito de Sierra Morena: Un alma para el Rey, una tierra para el hombre


El 18 de junio de 1790, el aire en La Carolina no solo pesaba por el calor asfixiante del estío jiennense, sino por la densidad del incienso y la solemnidad de un rito que era, a partes iguales, espiritual y político. En el corazón de la capital de las Nuevas Poblaciones, bajo las bóvedas de la Iglesia de la Inmaculada Concepción, un joven de veinticuatro años se jugaba su destino entre dos mundos.

Llegó desde el lejano y brumoso Condado de Nassau-Siegen, en el corazón de lo que hoy es Alemania. Su nombre era Juan Jorge, y en su petate traía poco más que el oficio de sus manos y la fe calvinista de sus ancestros. Pero en la España de la Ilustración, para ser colono de pleno derecho, no bastaba con roturar la tierra; había que sembrar también la semilla de la ortodoxia católica.

El rito de la metamorfosis

La escena debió ser sobrecogedora. Imaginemos el "numeroso concurso" de colonos —suizos, alemanes, flamencos y españoles— observando con devoción al extranjero. Bajo la mirada vigilante del Cura Párroco D. Juan Pedro Rubio, el joven renunció a las enseñanzas de Calvino para abrazar el dogma romano.

El momento culminante llegó tras el bautismo "bajo condición". Como si se tratara de un eco de los primeros cristianos, el joven fue adornado con una vestidura blanca, un lienzo inmaculado que simbolizaba el borrado de su pasado y su renacimiento como Miguel Francisco. Aquella túnica blanca, bajo el sol que se filtraba por los altos ventanales, debió brillar con una intensidad casi mística mientras recibía la Sagrada Comunión de manos del Capellán Mayor, Pedro Ambrosio Camón.

El Padrino y la "Suerte" de Tierra

No fue un bautismo cualquiera. Su padrino fue el mismísimo Intendente (Miguel Ondeano), la máxima autoridad de las colonias. Allí mismo, entre las sombras del altar y el murmullo de los fieles, el poder civil selló su pacto con el nuevo fiel: se le ofreció la "primer suerte de tierra" que quedase vacante. Pero la gracia real tenía un precio de arraigo: Miguel Francisco debía permanecer en las poblaciones y, sobre todo, casarse. El Reino no solo necesitaba creyentes, necesitaba familias que anclaran sus raíces en Sierra Morena para siempre.


Curiosidades: El documento histórico

Para aquellos que deseen beber directamente de la fuente original, comparto a continuación el texto íntegro de la crónica, tal como apareció en la Gaceta de Madrid y que podéis consultar en el apartado de Curiosidades de este blog:

«La Carolina, Capital de las nuevas Poblaciones de Sierra Morena, 18 de Junio. Por el zelo, caridad e instrucción del Cura Párroco D. Juan Pedro Rubio se ha convertido un mozo de edad de 24 años que llegó á aquellas Poblaciones, de secta Calvinista, natural del Condado de Nassat-Sigen, al qual, después de instruido en nuestra santa Religión, bautizó en su Iglesia parroquial baxo condición, siendo su padrino el Intendente, y se le añadieron los nombres de Miguel Francisco á los de Juan Jorge que dixo tener, causando la mayor edificación al numeroso concurso el fervor y devoción de este neófito en tan tierno acto, después del qual adornado de una vestidura blanca recibió la Sagrada Comunión en la Misa solemne que celebró el Capellán mayor Juez Eclesiástico D. Pedro Ambrosio Camón. El Intendente al tiempo de felicitarle por su conversión le ha ofrecido la primer suerte de tierra que vaque de la provisión del Gobierno, siempre que se mantenga en las Poblaciones y se case; y S. M. ha confirmado esta oferta.»

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