Rosa y Jazmín en el corazón del abismo.
Mañana el mundo despertará en un estruendo de celebraciones y nombres repetidos, pero para mí, el calendario se ha vuelto un territorio mudo. He quedado huérfano de tu geografía, y el tiempo ahora es una llanura sin relieves donde el título de "madre" suena como un eco en una catedral vacía.
Me pregunto, con una sed que no calma el llanto: ¿Dónde estás, mamá?
Te busco en la hendidura de los espejos, en el reverso de mis propios párpados, pero mis sentidos se estrellan contra un muro de ausencia. No puedo verte, no puedo rescatar el timbre de tu voz del estrépito de la vida, ni puedo sentir la firmeza de tu mano devolviéndome el equilibrio. Te has vuelto invisible, intangible, una presencia que se define, paradójicamente, por el hueco que dejas.
En medio de este vacío, coloco hoy una rosa de color rosa. La miro y en su fragilidad encuentro el mapa de mi duda. Sus pétalos tienen el tono exacto de la ternura que ya no puedo alcanzar; es un centro de seda que arde en mitad de mi desierto. Esta rosa es el nudo donde se encuentran mi amor y mi incertidumbre: es hermosa, pero está sola; es vívida, pero está callada. La pongo ahí, en el corazón de mi pensamiento, como un faro que no alumbra pero que señala el lugar donde antes estabas tú.
¿En qué pliegue del universo te escondes? ¿Es el olvido una distancia o es solo un silencio demasiado largo? Me habita esta duda que me desarma, este abismo entre lo que fuiste y esta nada llena de ti. No sé si eres ahora el aire que respiro o si te has disuelto en la luz que nunca toco, solo sé que mañana, mientras el mundo festeja, yo seré solo una pregunta arrodillada frente a una flor.
¿Dónde estás, mamá? La rosa se deshoja en silencio, y yo sigo aquí, esperando una respuesta que no llega.
"Día de la Madre.

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