Desde el otro lado del espejo
Soy el guardián del tiempo, una tarea que no me fue encomendada con palabras, pero que llevo en mi alma como un deber inevitable. Frente a mí, un océano de papeles amarillentos, fotografías desvaídas, palabras que alguna vez fueron escritas con manos firmes, ahora frágiles testigos del paso de los años. Al tocarlos, siento cómo el presente y el pasado convergen, como si mis dedos rozaran la superficie de un espejo donde no solo me encuentro a mí, sino también a ellos: mis bisabuelos, mis abuelos, personas que nunca conocí pero que llevo en mi sangre y en mi ser. Es un instante que desarma, un susurro que atraviesa el cristal del tiempo.
Cada documento que sostengo es un puente, una puerta a un momento perdido. Cierro los ojos e imagino las conversaciones que ocurrieron en presencia de esas hojas, los pensamientos que acompañaron cada trazo de tinta. En silencio, me pregunto si me observan desde el otro lado, si aprueban esta misión que he asumido, si sienten que he rescatado su esencia o si, por el contrario, creen que esos fragmentos debieron descansar en el olvido. Y, aun así, no puedo detenerme. No puedo permitir que se deshagan como arena entre los dedos.
Escanearlos no es un acto mecánico; es un ritual. Es la luz recorriendo lentamente los recuerdos, como si capturara un instante eterno. En cada página que pasa por mis manos, escucho ecos, susurros, latidos del pasado. Tocar lo que ellos tocaron es más que un acto físico. Es una conexión íntima, un intercambio silencioso entre dos mundos. Es mi conversación con quienes vivieron antes de que yo existiera, un diálogo que solo entiende el corazón.
Soy el puente entre sus vidas y el futuro, el guardián de esas pequeñas huellas que cargan en sí mismas un universo entero. Este acto, que para otros podría parecer agotador o insignificante, para mí es magia pura. Porque al final, preservar el tiempo no es solo salvar papeles; es salvar a quienes somos. Y así, mientras cada documento pasa por mis manos, me siento más cerca de ellos, como si, desde el otro lado del espejo, me agradecieran con un silencio lleno de significado.
Y allí estoy, acariciando el descanso del tiempo, sosteniendo con devoción los fragmentos de vidas que jamás se borrarán. Porque mientras yo esté aquí, ellos seguirán existiendo, reflejados en la eternidad de un instante.
| "Desde el otro lado del espejo" (con ayuda de IA) |
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