Genética, archivo y memoria en las Nuevas Poblaciones (1767)
Durante siglos, la genealogía se sostuvo sobre el papel: partidas sacramentales, padrones, escrituras y silencios. Hoy, a ese archivo tradicional se le ha añadido una herramienta nueva, poderosa y peligrosa si se usa mal: el ADN. Pentabuelos no existe para reemplazar los documentos con porcentajes, sino para comprobar qué ocurre cuando la genética confirma lo que la historia ya había contado.
El análisis que presento integra mis resultados genómicos obtenidos mediante MyHeritage (v2.5 y v0.95) con documentación genealógica contrastada y con los estudios de genética de poblaciones desarrollados, entre otros, por la Universidad de Granada (UGR) y la Universidad de Jaén (UJA). El resultado es claro: mi perfil genético es el reflejo directo de un territorio estable sobre el que irrumpió, en un momento muy concreto, una migración excepcional.
| Versión de la Estimación Étnica v0.95 MyHeritage |
Dos genéticas, dos ritmos históricos
El genoma no miente, pero tampoco habla solo. Hay que saber escucharlo.
La continuidad mediterránea (≈ 75%)
Tres cuartas partes de mi ADN encajan sin dificultad en el patrón genético del sureste peninsular. El 84,2% de componente ibérico, reforzado por un 10% de afinidad itálica, coincide con lo que la UGR identifica como el estándar histórico de Andalucía Oriental: una población de base bética, modelada por Roma y estabilizada tras la Reconquista.
Este bloque corresponde a la ascendencia materna y a la mitad de la paterna, en un eje perfectamente documentado: Lorca, Cieza, Caravaca, Huéscar, Siles, Santiago de la Espada. Aquí aparecen apellidos que no sorprenden porque llevan siglos donde están: Martínez, Guijarro, Valero, Miñarro, Pelegrín. Son linajes de persistencia, de repoblación medieval y de adaptación serrana. Genética de largo recorrido.
La introgresión centroeuropea (≈ 25%)
El segundo bloque rompe la armonía estadística regional. No procede de flujos lentos ni de contactos antiguos, sino de una decisión política fechable: 1767.
Los grupos genéticos asociados a Alemania, Francia y Holanda, junto a un 3,6% de Judío Askenazí y un 2,2% que el algoritmo etiqueta como “Finlandés”, son prácticamente inexistentes en la media poblacional estudiada por la UGR para Jaén oriental. No son ruido: son señal.
Esa señal coincide con apellidos, archivos y lugares muy concretos: Masson, Metzger, Vogler, Till, Brice, Vincent, asentados en Santa Elena y Guarromán como parte del proyecto de las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena impulsado por Carlos III.
Cuando el algoritmo hay que traducirlo
Conviene aclarar uno de los puntos que más confusión genera: el llamado componente “finlandés”.
Ese 2,2% no indica un origen nórdico reciente ni una migración báltica. En los modelos de genética antigua, esta etiqueta funciona como un proxy estadístico para marcadores de ADN estepario euroasiático, heredados por las poblaciones germánicas del centro de Europa desde la Edad del Bronce.
La genética no siempre utiliza el lenguaje de la historia. Por eso no basta con mirar resultados: hay que interpretarlos.
Orígenes profundos: lo que permanece
El análisis de Origen Triple permite observar la arquitectura antigua del genoma reduciendo el ruido estadístico. El mejor ajuste se sitúa en la Edad del Hierro, con un equilibrio muy revelador:
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45,1% Tartésico, propio del valle del Guadalquivir
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35,8% Galo/Britano, marcador inequívoco de procedencia continental
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15,7% Egipcio/Levantino, huella persistente de la red fenicio-púnica en el sureste
En época romana, el perfil se estabiliza como claramente bético, con un componente sardo (36,2%) —proxy del ADN romano— y un 50,6% picto/britano que vuelve a señalar el origen centroeuropeo de la rama colona.
Nada de esto contradice la genealogía. La refuerza.
| “Arquitectura antigua del genoma: continuidad y origen.” |
Sierra Morena: un experimento biológico involuntario
Los estudios de la UGR muestran que la población de Andalucía Oriental presenta una homogeneidad genética superior al 90%. Mi perfil se ajusta a ese modelo… solo en parte.
El 25% restante no se ha diluido tras más de ocho generaciones. Es un islote genético creado por una colonización planificada, preservado por la endogamia inicial y finalmente absorbido —sin desaparecer— por la población circundante de Baeza, Baena y el Alto Guadalquivir, mediante apellidos como Castro, Melendo, Agudo o Cantero.
Las Nuevas Poblaciones no fueron solo un proyecto social o económico. Fueron, sin pretenderlo, un experimento biológico cuyos efectos aún pueden medirse.
| El archivo habla, el ADN responde |
Cierre
Este caso demuestra algo sencillo y profundo a la vez: cuando el archivo es sólido, el ADN no lo sustituye, lo confirma. Mi genoma es mayoritariamente mediterráneo, antiguo y estable. Pero conserva, con una claridad poco común en el sur peninsular, la huella de un episodio histórico excepcional ocurrido en 1767.
Pentabuelos existe para contar estas historias sin épica falsa ni identidades prefabricadas. Personas normales, decisiones concretas, consecuencias duraderas. A veces, incluso, escritas en la sangre.
Y eso —cuando se puede demostrar— merece ser contado despacio y con respeto.
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