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| Ecos en las paredes |
🕊️ La Casa del Tiempo 🕊️
Hay casas que no se construyen,
se respiran.
Viven más en los ecos que en las paredes,
más en las manos que las habitaron
Un zaguán,
una sombra que pasa,
una maceta que ya no florece.
El reloj del comedor aún late,
aunque nadie escuche su tic…
ni su tac.
El aire guarda historias
que no caben en ningún documento.
Historias tejidas con pan,
con polvo,
con canciones que ya no se cantan.
Hubo un palomar en la azotea
y un torno de madera que giraba
como giran los inviernos
en la memoria de quien ya no regresa.
La casa fue madre, fue patio,
fue pozo, fue nido,
fue abuela callada y sabia,
fue reino de lo invisible.
Y también fue silencio,
murmullo que no se nombró
por no herir lo que aún dolía.
Ahora la casa sigue ahí,
pero ya no somos los mismos.
Y eso —quizá—
es la verdadera despedida.
Los objetos guardan la forma
de unas manos que ya no están.
Y los que quedaron,
se miran sin reconocerse
en los espejos antiguos
que aún reflejan la infancia
de todos.
Alguien se irá,
como se va la última hoja del otoño,
sin ruido,
dejando la puerta entreabierta
para que entre el canto
de los pájaros.
Poema escrito en verso libre, de tono lírico y elegíaco, donde la memoria, el hogar y el paso del tiempo se entrelazan en imágenes simbólicas y evocadoras. Su estilo contemporáneo bebe de la tradición poética española, con resonancias íntimas y nostálgicas que invitan a la lectura pausada y reflexiva.
acm

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