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| Mercado de Atarazanas (1921) Recreación. |
📜 Romance de Paco y María del Perchel
En ocasiones, entre el murmullo del viento y los ecos del pasado, surgen historias que se pierden en las sombras de lo incierto. La que a continuación se narra ha sido investigada, repasada en archivos y documentos, pero los resultados no nos ofrecen pruebas claras que certifiquen si fue una realidad vivida o un relato nacido de la imaginación popular. ¿Es esta historia verdadera? ¿O quizá solo es un hermoso sueño tejido entre las huellas del tiempo? Quién sabe... lo cierto es que, al alimentarla con un poco de nuestra imaginación y un suspiro de esperanza, podemos creer que fue real. Tal vez algún lector, al encontrar estas palabras, pueda aportar nueva luz sobre las identidades de Paco y María, y ayudarnos a desvelar el último misterio de un amor que nunca dejó de existir. Por ahora, nos dejamos llevar por la fuerza de su romance, porque, como veremos, el amor tiene una manera extraña de resistir incluso al olvido.
Abriendo un viejo arcón polvoriento, entre pliegos desvaídos y fragancias de madera antigua, hemos encontrado esta historia. No es leyenda, ni invención de poeta: es un susurro verdadero que viene del polvo de los siglos.
Corría el año de 1921.
En las áridas tierras de Monte Arruit, donde el sol rajaba la tierra y la pólvora envenenaba el aire, un soldado malagueño cayó en combate.
No era un soldado cualquiera. Se llamaba Paco G., y en su pecho, junto a su corazón quebrado, llevaba una carta.
Una carta que jamás llegó a destino.
Una carta dirigida a su amada María, una muchacha del barrio del Perchel de Málaga, de sonrisa de mercado y mirada de puerto.
Ella, que quizá cada tarde esperaba noticias junto al Guadalmedina, no supo nunca que su Paco, antes de morir, escribió con sangre de alma estas palabras.
Hoy, rescatamos su memoria, para que su amor no duerma más en el olvido.
🎻 Romance de Paco y María del Perchel
I Allá en tierras del Rif, donde el sol muerde el suelo, cayó un mozo de Málaga, sin quebranto ni consuelo. En su pecho, no un fusil, sino un pliego lastimero: carta escrita a una moza de ojitos de marinero. II «María del Perchel viejo, mi caracola del viento, guárdame entre tus suspiros si a tu abrazo no regreso. Que si la muerte me lleva tras el último aliento, será tu nombre, paloma, mi pañuelo y mi recuerdo.» III No volvió Paco a su casa, ni cruzó más su sendero; quedó su cuerpo tendido como sombra sobre el cerro. Y la carta, su tesoro, sepultada en polvo y viento, durmió en tierra de moriscos sin llegar jamás al puerto. IV Mientras tanto, en el Perchel, María bordaba el tiempo, vendiendo sueños salados junto al mercado y al puerto. Cada tarde, al Guadalmedina, llevaba sus pensamientos: «¿Dónde andas, Paco mío, que no te alcanzan mis rezos...?» V Pasaron años, y años, y el barrio se hizo desierto; cayeron casas y patios, se tragó el río los besos. Mas en una vieja mesilla, entre pañuelos y ruegos, dormía el retrato amado, con ojos abiertos al cielo. VI Así quedó su memoria, así su amor verdadero: no hay guerra, ni polvo, ni olvido que maten lo que es eterno. Pues quien ama como amaron Paco y María del Perchel viejo, vive dos veces: en vida, y después... en los sueños. "acm."
🌾 Epílogo
Dicen que el amor verdadero nunca muere.
Quizá, alguna tarde, si paseas junto al Guadalmedina al atardecer y el viento sopla desde el mar, sentirás un murmullo antiguo en el aire.
Será Paco, susurrando todavía el nombre de su María.
(Autoría: Redactado en honor a los amantes verdaderos y a la memoria perdida en las arenas del tiempo.)

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