El Fuero de Población y la primera Navidad de los colonos centroeuropeos
Un pliego doblado con cuidado, sellado con la autoridad de un rey lejano, que los Brice, los Vincent, los Kopff, los Barthelmann, los Stephane, los Metzger —y tantos otros— guardaban como se guarda una reliquia o una última voluntad. El Fuero de Población de 1767. Para Carlos III era legislación ilustrada. Para ellos, era un contrato de vida.
Para un colono llegado de Lorena, del Rin o de la Selva Negra —donde la tierra pertenecía casi siempre a un señor, a un convento o a una guerra—, aquel Fuero no prometía riqueza. Prometía algo más raro y más profundo: que sus hijos no nacerían siervos. Que nadie podría expulsarlos de lo que lograran arrancar al monte con sus propias manos.
Por eso aguantaron. Por eso, en aquella primera Navidad en Sierra Morena, el silencio no era derrota: era determinación.”.
El sueño ilustrado y el barro real
Carlos III y Pablo de Olavide concibieron las Nuevas Poblaciones como un proyecto racional: poblar el llamado Desierto de Sierra Morena, asegurar el Camino Real hacia Andalucía, llevar orden donde solo había monte y abandono. Sobre el papel, todo encajaba.
La realidad llegó antes que las casas.
En el otoño y el invierno de 1767, miles de centroeuropeos desembarcaron en estas tierras. No eran aventureros. Eran familias enteras, empujadas por el hambre, las guerras recientes y la falta de futuro. Se les prometieron suertes de tierra, ganado, aperos y viviendas. Pero la logística no siguió el ritmo de la esperanza.
Cuando llegaron a lugares como Martín Malo, en la demarcación de Guarromán, se encontraron con la nada.
El primer Adviento en el barro
El sol de diciembre no calienta en Sierra Morena. Se limita a retirarse. Deja tras de sí un frío húmedo, terroso, que se mete en los huesos y no pide permiso. No es el frío limpio del Rin ni la nieve amable de los Vosgos. Es un frío marrón, pegajoso, que huele a jara pisoteada y a promesas aún pendientes.
Y esa ausencia pesa más que el hambre.
Para François Brice, el silencio es una herida abierta. En La Petite-Raon, a esta hora, las campanas estarían llamando a la Misa del Gallo. Aquí, solo responde la leña verde de encina, que chisporrotea y se apaga como si también dudara.
Magdeleine Vincent se envuelve el chal. Sus manos, que hace un año tocaban lino y lana en Lubine, están ahora abiertas en grietas. Han arrancado raíces, han cargado piedras, han aprendido a sobrevivir sin quejarse. No se preguntan si fue un error venir. Se preguntan si alguien, en Madrid, sabe que esta Navidad existe.
Miguel Kopff parte el pan oscuro en dos mitades exactas. No por justicia, sino por necesidad. Ana Eva Barthelmann tararea una melodía antigua aprendida en Friburgo. Canta bajo, casi para no despertar a la miseria. Su voz es un hilo frágil intentando coser una noche que se desgarra.
Lucas Stephane y Margarita Metzgerin hablan en su lengua. Saben que no sobrevivirá aquí. Que sus hijos hablarán otra. Para nacer en España, han tenido que morir antes.
—Sí… los niños ríen entre barro y retama, como si nada, y nos obligan a seguir soñando.
—Soñando… ¿con qué? ¿Con casas firmes o con volver a los bosques del Rin?
—Con ambas cosas. Con lo que dejamos y lo que podremos construir. Pero primero, debemos resistir la noche, la nieve, el frío…
—Mañana será otro día de barro, pero sus risas nos mantienen…
—Sí. Cada murmullo es un contrato que nos recuerda: no hay marcha atrás. Somos dueños de un futuro que aún no existe.
Herencia
Cerca de la medianoche, las voces se cruzan entre los chozos.
Europa rota intentando recomponerse en Sierra Morena.
Si hoy, descendiente de aquellos colonos, sientes un escalofrío al leer estas líneas, no es imaginación. Es memoria. La sangre recuerda el frío. Recuerda el barro. Recuerda aquella noche de 1767 en Martín Malo o en cualquier otro rincón de las futuras nuevas poblaciones.
Nota genealógica
Este relato nace de la investigación en padrones y archivos parroquiales de La Carolina y Guarromán y de la imaginación de sus genes 258 años después. Si alguno de estos apellidos, o cualquier otro, forma parte de tu historia familiar, recuerda: su resistencia también es tu herencia.
Andalucía, 25 de diciembre de 1767 - 25 de diciembre de 2025
Gracias
ResponderEliminarA usted por leer. Feliz 2026.
ResponderEliminarYo estoy alucinado .Que historia tiene mi pueblo impresionante .munchas gracias y me gustaria saber mas
ResponderEliminarMuchas gracias. Supongo que se refiere a Guarromán; en cualquier caso, solo se trata de una humilde investigación muy particular que, básicamente, afecta a mi ascendencia colona, bien cocinada y con una chispa de imaginación. Habrá más.
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